27/5/08

Juventud


En el 97, con mi amigo Diego decidimos hacer un viaje: Cuba.
Su hermana y mi prima habían viajado el año anterior por Albergues de la Juventud y la habían pasado de pelos: buena onda con los otros viajeros, lindos lugares y alojamientos, y sobre todo libertad para moverse sin un guía que te dice dónde podés pisar y dónde no.
Fuimos con Diego a Albergues de la Juventud, ahí por Constitución, donde funcionaba un hostel. Había buena onda. Había extranjeros jóvenes y adolescentes (se llama “de la Juventud”, era lógico). Era ideal. Contratamos, finalmente, también con Lalo, para cerrar el tridente amistoso de la infancia. Era nuestro primer gran viaje al exterior sin compañía mayor...
Nos citaron para una reunión días antes de viajar, para conocer a los demás integrantes del staff juvenil. Fuimos esperando lo mejor: chicas solas, algún otro vago que nos acompañara en la aventura, más chicas solas. Llegamos. Entramos a una sala y ahí estaban todos: un tipo de unos 27, una pareja de unos 30 años (diez más de los que teníamos entonces), dos chicas solas que rondaban los cuarenta, dos hombres solos que pasaban los cuarenta y… Y Marta. Una SEÑORA con todas las letras que arañaba, o ya había descuartizado, los 80. Nos miramos atónitos, incrédulos, arrepentidos. No entendimos el slogan (de la Juventud). “La juventud pasa por dentro”, me dijeron alguna vez. No, no... No pasa sólo por dentro.
No voy a decir que la pasamos mal, pero sí que faltó “algo”. El otro muchacho, el que rondaba los 27, Darío, terminó uniéndose al trío y todavía hoy lo veo en los cumpleaños de Diego. Al resto sólo en las fotos.
Fuimos a los lugares clásicos, visitamos La Bodeguita del Medio, nos abrimos para visitar una escuela en Pinar del Río y jugar al huevo podrido con los chicos, estuvimos en el carnaval no comercial de La Habana, paseamos por Santiago, caminamos por la plaza de la Revolución, tomamos mojito...
Y pasamos por el hospital: una mañana nos despertamos con la noticia de que a Marta la habían llevado de urgencia por apendicitis y la habían operado. Fuimos a verla. A sus 80 y algo, recién operada, estaba espléndida. Ya caminaba y le estaban por dar el alta. Perdimos unas horas hasta que se reincorporó al grupo, no podíamos irnos sin ella. Sin ella, parece, no éramos Albergues de la Juventud...
Nunca más viajé en grupo contratado. Nunca más tanta juventud.

9 perdedores dejaron su mensaje después de la cereal:

nano zyssholtz dijo...

primo querido...
será que algo de ese "ambiente joven" se te impregnó y por eso hoy cuesta tanto sacarte a pasear?

GC es un grande dijo...

que buena aneda (me encanta decir "aneda")la señora marta me mato de ternura...

saluditos

Lulet dijo...

La Bodeguita del medio, el cañonazo, el Café París... Centro Habana, La Habana Vieja, El Vedado...

Cuántos recuerdos qué lo parió.

Gracias.
Hacía mucho no recordaba mi vida en Cuba.

-J- dijo...

es que soy un tierno, gc...
viviste en cuba o entendí mal, lulet?
primo, nunca fui joven, deberías saberlo. Nací con alma de abuelo

ámbar dijo...

ajajjajaaajja
me reservo el comentario.

Lulet dijo...

Viví en Cuba. De niña. Por amor. Recontraresumo:
Me enamoré de un Cubano, me fui a vivir allá, cumplí 22 años, me enamoré de su tierra y su gente... ay... muchos etcéteras...
MUCHOS!!!

Besos!

Pd: Si no me sacás la comprobación de palabra no comento más, siempre le pifio, me enfermaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!

Meryl dijo...

No hay que compartir viajes con gente desconocida. Nunca sabés qué te puede tocar en el reparto!
De todos modos, parece que la pasaste bien al final, no?

J: El motivo real de mi visita era notificarle de que en mi blog lo aguarda un premio, pase a buscarlo cuando guste. Saludos!

Anónimo dijo...

Yo no compartí viaje así, pero los hostels te traen sorpresas así... Compartí cuarto con un inglés de 60años que se paseaba en slip. Despertarme con esa imagen me sacaba las ganas de desayunar...
LN.-

Diego dijo...

Muy buena yur, segui escribiendo asi que te veo futuro.
tu amigo Blu

Acerca de MdP!

Este blog contiene historias propias, algunas pocas ajenas de personajes cercanos, que se funden una en otra bajo el mismo don. Todos los protagonistas son (somos) perdedores: en el trabajo, en el amor, en el sexo, en la suerte, en el día a día, en la vida. Porque para algunos, como yo, ser perdedor dejó de ser un problema: ya es un destino ineludible. He aquí las historias. De derrotas, caídas, papelones. Derrumbes en general. Nos pasa a todos, no?