22/5/08

Deporte de riesgo

Ante todo, soy (o era) un deportista. De chiquito jugaba a todo: fútbol (federado en baby), básquet (federado), padel, ping pong (lo juro: federado en "tenis de mesa"), handball... Y a todo más o menos bien.

"Más o menos" significa eso: ni muy bien ni muy mal. En la escuela, en el pan y queso me elegían entre los primeros; en la secundaria, entre los del medio; ahora no me invitan más a jugar al fútbol. Pasé de ser el petiso habilidoso al flaco duro como una piedra, después al gil que se banca y le gusta ir al arco, y ahora al inútil que sólo puede ir a jugar con sus amigos.

Pues bien, el año pasado tuve dos de esas invitaciones con amigos. A la primera llegué algo molesto por una gripe que se avecinaba -una de las 20 que me agarran al año-. A los diez minutos de partido transpiraba hielo seco, estuve a punto de desmayarme y me fui.
Al mes, en la misma cancha, volví a jugar. De hecho fui uno de los organizadores.
"Arranco en el arco que hace mucho que no juego", avisé.

Al arco.

A los diez minutos, córner para nosotros (cancha de 5, eh). Levanto la manito. Corro como loco. Llego a la mitad de la cancha por sorpresa y Blu, solidario, me da el pase. Me queda unos centímetros adelante. Pateo igual. Toda la fuerza. Uuuuhhhhh!!! La pelota pasa cerca. El cuádriceps derecho se me estira como chicle jirafa.
Aaayyyy!!!
Volví al arco. Me dolía mucho. Elongué. Seguí.
Empecé a enfriarme entre los palos. A cada tiro rival, venía un grito mío.
Seguí.
Seguí.
Seguí.
Ya había pasado más de media hora de partido. "Vení a jugar un rato, boludo", me pedían. "No me puedo ni mover", respondía.
Seguí. Estúpidamente, seguí.
A la jugada siguiente, un rival patea al arco. No llegaba con la mano. Tenía que estirar la pierna derecha. Acto reflejo: la estiré.
Aaaaaaaaayyy!!
Caí al suelo como árbol, con la pierna dura como piedra y doblada hacia adentro (nunca la punta del pie estuvo tan cerca de darse vuelta por completo). No podía dejar de gritar.
Se acercó Sebas: "Debe ser un calambre".
"Aaay, no no no!! Me duele, no toques!!", respondí.
"Te estiro la pierna, debe ser acá", insistió.
"Aaayy, no no no!! Dejá!!", respondí.
"Tengo una crema tipo Ratisalil", volvió a insistir.
"No, no, noo!! Ayy!", bramé.
Me arrastré hasta afuera. Se me caían las lágrimas. Nunca sentí tanto dolor. Nunca.

Terminaron de jugar. Fuimos con Tele hasta la esquina. Cruzamos (yo gemía a cada paso). Paramos un taxi.
"No puedo subir", le dije a Tele. No podía. No podía hacer fuerza con la pierna para levantarla y entrar. "Voy adelante", sugerí. Entré. Hice entrar la pierna derecha levantándola con las manos. Grité al subir.
Llegamos a mi casa. "No puedo bajar", avisé. Para salir, tenía que sacar primero la pierna derecha y no la podía mover. "Vení, vení, sacame vos", ordené.
Tele me agarró de atrás, haciendo palanca con los brazos por debajo de mis axilas. Grité mucho.
Subí por el ascensor hasta el 14. Grité en los ocho escalones que me separaban del 15, mi piso.

Era sábado. No pude salir de casa por tres días (no podía bajar los escalones), así que al médico fui el martes. Fui. Me hicieron una placa. "Cómo te hiciste esto?", me dijo el médico, con la radiografía en la mano. "Jugando al fútbol", expliqué. "Te dieron una paralítica o fue por el esfuerzo?", consultó. "Atajando", respondí. "Atajando?".

Increíble.

Era un desgarro. De siete centímetros. "Milímetros", me dicen todos. "No, centímetros". Cen-tí-me-tros. Mide casi como un azulejo del baño. Y como no pude hacer kinesiología porque a las dos semanas me fui de viaje por el trabajo, la cicatriz está ahí, molestando, advirtiendo su presencia cada vez que me agacho, que salto, que corro, que subo al colectivo... Que me hago el deportista.

Desgarro. Me desgarré atajando... Y me retiré del fútbol

4 perdedores dejaron su mensaje después de la cereal:

ámbar dijo...

me siento re inutil
no hago un carajo.
no me saques sonrisas con tu firma jaja

Anónimo dijo...

Oime perdedor, ya la conocía, contada personalmente, pero no pude evitar volver a reírme. Doy fue que fue verdad. Abrazo
PV

Anónimo dijo...

Soy testigo. Tuve que ayudarte a subir los escalones una vez que te fui a ver porque me daba pena tu encierro. Pero me hiciste reir otra vez. Yo fui de las que te dijo "milímetos", jajajaja. Dedicate mejor al blog... eso sí, no te desgarres los dedos.
LN.-
PV, vos no te hagas el winner que también tenés tus historias losers!!

nano zyssholtz dijo...

las malas lenguas dicen que no existió ese remate de mitad de cancha...
las malas lenguas dicen que eran 5 los minutos jugados...
las malas lenguas dicen que te retiraste antes de los 20 minutos...

Acerca de MdP!

Este blog contiene historias propias, algunas pocas ajenas de personajes cercanos, que se funden una en otra bajo el mismo don. Todos los protagonistas son (somos) perdedores: en el trabajo, en el amor, en el sexo, en la suerte, en el día a día, en la vida. Porque para algunos, como yo, ser perdedor dejó de ser un problema: ya es un destino ineludible. He aquí las historias. De derrotas, caídas, papelones. Derrumbes en general. Nos pasa a todos, no?