11/5/08

Cajón de recuerdos


En junio del 2005 tomé una decisión sabia: ir al médico. Llamé a mi tío (el doc de la familia), le pedí alguna recomendación y fui a ver a un antiguo maestro suyo, un clínico, de la vieja escuela. Le expliqué el porqué de la visita.
“La última vez que fui a un médico, me llevó mi mamá. Era un pediatra. Y aunque no tengo nada que me moleste, me quiero hacer análisis de rutina, al menos de vez en cuando. Estoy por entrar a los treinta, vio?”.
El Doc me dio la venia. Le pareció bien, claro. Sangre, orina, placas, de todo. A los diez días, volví. “Estás genial, querido. Lo único que te recomiendo es hacer un poco de gimnasia”. La panza, claro. Me dio unos ejercicios para hacer en casa, simples y efectivos. Me intimó a caminar tres veces por semana. Cada tanto le hago caso.
En julio de ese año, un mes después, me agarré una bronquitis. Quince días más tarde, otra. Recaída, dicen. Desde ese momento empecé a tener problemas respiratorios, algo insólito. Jamás me había pasado.
Clínicos, neumonólogos, alergistas, radiografías, nebulizaciones. Y remedios: Asemuk, Meticorten, Proasir Nasal, Refenax, Nasonex, Atrovent, Ventolin, Histamino Corteroid, Seretide… Son los que me acuerdo, pero hubo más.
“Hay tres causas fundamentales que suelen provocar esto”, me dijo un especialista, el doctor Risso Patrón. “Una infección en las vías respiratorias, que no es tu caso. Un problema hereditario, o bronquitis crónica, que no parece. O la tercera, la más factible”, dejó el suspenso.
“Cuál?”, inquirí.
“Estrés emocional”.

En febrero del 2006, los broncoespasmos eran un mal recuerdo.
En medio de la implosión sentimental, y ya en casa de mamá Sara, el trabajo me dio un alegrón: un viaje a Berlin para cubrir un evento de Nike. Día y medio, sí, pero algo es algo. Lindo Berlin.
Allí empecé a sentir cierta picazón por la cola, las axilas, las piernas. Llegué a Buenos Aires brotado. Mi dermatólogo de cabecera no tenía turnos, así que recorrí guardias y otros especialistas. Benadryl? Nada. Como si fuera agua. "Lo mejor en estos casos es un preparado con avena y agua, que hay que dejar reposar en la heladera. Te pasás con un algodoncito por la piel y te calma la picazón", me recomendó otra doctora (?). Nada.
A la semana estaba con urticaria desde los pies hasta el cuello. Daba asco verme. No dormía por la noche a causa de la picazón. Me atendió mi dermatólogo, el Dr. Woscoff, después de unos cuantos días de ansiedad: “Es una alergia. Tomate esto, tranquilo. Que te pidieron estudios porque parece una infección? Uf... te van a dar bien. Tomate esto”. El Ataraxone me salvó la vida. A los dos días no tenía nada, salvo un sueño de novela.
Desde ahí, cada tres o cuantro meses vuelvo a brotarme. "Urticaria autoinmune", diagnosticaron. Mi cuerpo no reconoce mis propias células y las combate con zarpullidos!!! Grosso!!
Allegra, Ataraxone, Diprogenta, Lazar Cort, Elocon, Securo, Ataraxone, Cetizine, Protopic, Detebencil, Doxepina, Histamino Corteroid, hasta homeopatia (psorinum, histaminum)... Comprimidos, inyecciones y cremas no lograron curarme. Quizás, apenas, aliviarme. El año de terapia tampoco curó (pero volveré!).

Estuve cuatro meses sin poder comer tomate, cítricos, chocolate (lo peor que me pasó en la vida fue esa abstinencia), mariscos, picante, frutilla, fiambres, embutidos... Ni alcohol. Debo reconocer que adelgacé un poco.

A todo esto, en mayo del año pasado me desgarré. Nada grave: siete centímetros en el cuádriceps derecho para mi primera lesión muscular, para recibir mis 30 años. Cinco días sin salir de casa (no podía bajar los ocho escalones hasta el ascensor), calmantes para el dolor nocturno, dos meses sin hacer deporte...

No volví a jugar al fútbol.

Sumale las gotas Lopred para una inflamación en el ojo izquierdo; las enfermedades heredadas que me aquejan desde los 17, la alopecia inminente.

Tengo un cajón lleeeeeno de remedios. Uno para cada problemita. Cada tanto lo reviso para tirar los que se van venciendo. Son como recuerdos, fotos de los años infelices. O recuerdos que me llevan al cajón?

Y sigo brotado.

1 perdedores dejaron su mensaje después de la cereal:

Anónimo dijo...

mi marido esta igual y t juro q a veces lo odio.....

Acerca de MdP!

Este blog contiene historias propias, algunas pocas ajenas de personajes cercanos, que se funden una en otra bajo el mismo don. Todos los protagonistas son (somos) perdedores: en el trabajo, en el amor, en el sexo, en la suerte, en el día a día, en la vida. Porque para algunos, como yo, ser perdedor dejó de ser un problema: ya es un destino ineludible. He aquí las historias. De derrotas, caídas, papelones. Derrumbes en general. Nos pasa a todos, no?