Hoy tuve uno de esos días... raros. Días Jota. Claramente, un día Jota.
Económicamente no puedo decir que pase por un momento brillante. Entonces, a días de que se me debite lo que gasté con la tarjeta de crédito (gastos que hice con la tarjeta porque, obviamente, ya no tenía efectivo; es una rueda imposible de detener), decidí sacar algo de mis ahorritos para cubrirme en el banco. Fui a mi banco. Ventanilla:
-Hola señor, quiero depositar esta plata en mi cuenta.
-Documento?
Le dicté mi número, verificó mi nombre, me preguntó si quería depositar todo o quedarme con algo de cambio, hizo unos tiki tiki en la computadora, sacó un recibo, lo selló y me lo devolvió.
Y me fui.
Pasé por casa, fui a una librería, le compré dos libros a mamá que cumplió años -obviamente, los pagué con tarjeta, así que el mes que viene tendré otra vez la bola de nieve- y me fui a almorzar con ella. Le gustaron los libros, comí con ella, me fui para el trabajo y recordé, antes de entrar, que no tenía plata (porque no acepté quedarme con algo de cambio cuando hice el depósito).
Entoces pasé por el cajero:
-Puse la tarjeta
-Marqué el código
-Click en extracciones
-Click en pesos
-Click en el importe
-Click en el comprobante
-Todo okey, salió la plata, la conté, agarré el ticket y...
Esto decía mi ticket:

No hay fotomontaje. No hay Photoshop. El ticket, el comprobante, decía claramente que en mi cuenta había 15.625 pesos con 82 centavos!!!
No hace falta decirlo: jamás en mi perra vida tuve tanta plata en la cuenta, ni en la mano, ni cuando era chico y jugaba al Estanciero.
Rápidamente pensé en las dos posibilidades:
1) el cajero del banco se equivocó y apretó algún número de más y... y bueno, soy rico!!!
2) me echaron del trabajo y me pagaron eso de indemnización...
Me alegré. Me asusté. Me preocupé.
Y si es plata del narcotráfico y mañana me vienen a buscar para meterme en cana?
Y si es un error del cajero, la tengo que devolver?
Y si me echaron... no tenían que mandarme un telegrama de despido?
Con todas esas dudas, volví a poner la tarjeta, a marcar el código y a pedir un resumen de los últimos movimientos de cuenta, para verificar de dónde había salido toda esa plata.
Mi ticket imprimió. Y ahí entendí todo.
El segundo ticket que salió decía la verdad: que en mi cuenta no tengo ni el 10% de los 15.000.
Al minuto salió un tercer ticket: el de los últimos movimientos.
Durante cinco minutos estuve alegrándome, entristeciéndome y preocupándome por un ticket que no era mío, que había quedado de alguien que no lo sacó. Y que -hablo por mi economía, al menos- tiene mucha plata...
Debe ser feliz.
No hace falta decirlo: jamás en mi perra vida tuve tanta plata en la cuenta, ni en la mano, ni cuando era chico y jugaba al Estanciero.
Rápidamente pensé en las dos posibilidades:
1) el cajero del banco se equivocó y apretó algún número de más y... y bueno, soy rico!!!
2) me echaron del trabajo y me pagaron eso de indemnización...
Me alegré. Me asusté. Me preocupé.
Y si es plata del narcotráfico y mañana me vienen a buscar para meterme en cana?
Y si es un error del cajero, la tengo que devolver?
Y si me echaron... no tenían que mandarme un telegrama de despido?
Con todas esas dudas, volví a poner la tarjeta, a marcar el código y a pedir un resumen de los últimos movimientos de cuenta, para verificar de dónde había salido toda esa plata.
Mi ticket imprimió. Y ahí entendí todo.
El segundo ticket que salió decía la verdad: que en mi cuenta no tengo ni el 10% de los 15.000.
Al minuto salió un tercer ticket: el de los últimos movimientos.
Durante cinco minutos estuve alegrándome, entristeciéndome y preocupándome por un ticket que no era mío, que había quedado de alguien que no lo sacó. Y que -hablo por mi economía, al menos- tiene mucha plata...
Debe ser feliz.
