30/4/09

Alegría

Venía preocupado por mi alimentación limeña. Saben todos que no soy muy habitué de las comidas extrañas. Pollo, carne, pescado, pastas, todo simple, todo poco condimentado. Y con lo de la gripe porcina me estaba quedando sin otro alimento: el sánguche de jamón y queso.

Por suerte, el periódico Correo me alegró la estadía.



Ahora sí!

29/4/09

La diferencia entre ser servicial, ser servil y ser vil

El hotel en el que me hospedo en Perú no tiene grandes lujos, pero tampoco grandes problemas. La cama es cómoda, el cuarto es acogedor -hoy me cambiarán de habitación, pero aun más pequeña, la nueva debería seguir siendo cómoda-, la tv satelital rara vez se cuelga, internet funcina a la perfección y así todo en general. El doble vidrio del ventanal impide el paso del ruido, pero hay aire, hay luz, hay aire acondicionado, calefacción, jacuzzi... Pucha que estoy mejor que en casa!

Pero no me quiero referir a eso. Como en todo hotel, los empleados son serviciales. Saludan, están atentos a tus requerimientos, sonríen, agradecen, te ofrecen el diario, algo para tomar, comer, llevarte los bolsos, etcétera. Incluso una noche, que llegué pasadas las doce sin haber cenado, se ofrecieron en ir a comprarme algo de comer al supermercado. Les dije que no, claro. Eso es ser servil.

Aunque hay algo que me molesta en estos casos. El ser servicial es una virtud, algo para elogiar. Pero ser vil es horroroso. Y debo decirlo: los empleados de la cafetería del hotel son francamente viles, seres para mí despreciables.

La primera mañana, el hecho en cuestión me pareció simpático.

Sábado, 9.45AM, teléfono en la habitación:
-Seeejj... quién es... -respondí.
-Hola señor, lo llamo de cafetería, usted todavía no tomó su desayuno.
-Eh... no... Sí, ahora bajo. Gracias.

Atentos, no? No querían que me perdiera la comilona mañanera. Bien ahí.

Domingo, 10AM, teléfono en la habitación.
-Sí... eh... pero no es hasta las 10.30? Bueno, en quince minutos bajo entonces.

Lunes, 9.25AM, teléfono en la habitación.
-No, gracias, no voy a desayunar -respondí.

Martes, 9.40AM, teléfono en la habitación.
-No! No quiero desayunar!

Miércoles, 930AM, teléfono en la habitación.
-No, gracias. Chau.

Sí, sé que soy un gil, que debería avisarles que no me llamen. Pero es acaso necesario?? Me tienen que llamar todas las mañanas y a esa hora para recordarme que no tomé el desayuno? Y si no quiero desayunar? Qué les importa?

Estoy llegando de trabajar a las doce de la noche, me estoy durmiendo pasadas las 2...

Quiero dormir, carajo!!! Déjenme dormir!!!!!!!

Hoy a la noche prometo que les voy a decir que no me llamen más. Esto no puede seguir así.



PD: anoche les avisé de mis intenciones de dormir y les pedí que no me llamen más para anunciarme, como si no supiera, que no tomé mi desayuno. Quieren saber quién me llamó hoy a las 9.15??????

28/4/09

Con vista al mar

Llegué al Malecón de la Reserva cerca del mediodía y recordé que mi amiga Princesa Sukimuki me había hablado muy bien de algún lugar para comer por ahí. Le mandé, entonces, un mensaje de texto:
-Prin! Estoy por el Malecón en Lima, dónde puedo comer por acá?

Respondió enseguida:
-Andá a Larcomar que es un shopping re lindo con todo un patio de comidas que mira al mar. Porque los lugares de abajo son muy caros. Comé rico! Besos!

Genia, ídola. Estaba justo frente a Larcomar, una especie de shopping al aire libre, en la ladera del acantilado que termina en una calle frente al Pacífico. Di unas vueltas, miré algunos lugares -varios de comida rápida, otros de comida demasiado específica- y, hacia abajo, vi 'el' restorán. Había una terraza, un par de pisos más abajo, que miraba al mar. Preciosa. No muchas mesas, todas con sombrillitas, parecía buen ambiente.

Allá fui. Me senté sin siquiera mirar qué comidas había. Llegó la carta y, obvio, el 93% de las cosas no me gustaba, el 5% siguiente me daba cosa probar estando solo y otro 1% me dio verguenza, al tratarse del menú infantil. Apelé al 1% restante y seguí con mi rutina de comida internacional: me pedí una vez más una cheeseburger (no me insulten, dale?) y un jugo de piña.

Estaba bien, rica, normal (bueno, era una simple hamburguesa con queso). El jugo, delicioso. Me quedé un rato sentado mirando el mar, escuchando conversaciones de mesas ajenas. Pedí la cuenta.

En ese momento caí: "...los lugares de abajo son muy caros", me decía Princesa en el sms.

Estaba en el lugar de abajo. Más abajo sólo había agua.

Era uno de ellos, sin duda. Mi almuerzo fue la comida más cara de toda mi estadía. Ojo, el ambiente tal vez valía la pena. Aunque seguramente lo valía con otra comida más cojonuda...

27/4/09

Gracias, T

Chateaba con T mientras hacía las valijas para venir a Lima.

Conocí a T hace relativamente poco y, debo decirlo, es una persona encantadora. Y de confianza. Por eso la aproveché.

-Qué me puedo estar olvidando? No quiero llegar allá y darme cuenta de que me falta la mitad de lo que necesitaría...
-No sé... llevate abrigo... zapatos? Te llevás la laptop? Cepillo de dientes, remedios? -respondió ella.

Dije a todo que sí y le presenté mi gran duda: me llevo el pilotín para lluvia que me compré y que nunca usé porque desde que me lo compré nunca llovió o, cuando llovió, no tenía el pilotín conmigo?

T me respondió que sí, que claro, que hay que ser previsor, que cómo no me lo voy a llevar.

En mi primer día en Lima, Daniel, el director del diario en el que estoy trabajando, me contó ciertas bondades de esta hermosa ciudad.

-Ves? Hay mucho polvo, muy difícil de contrarrestar. Es que aquí no llueve nunca -dijo.
-Nunca?
-No, nunca.
-Mierda. Me traje un piloto de lluvia?
-Aquí a Lima?

Sonrió. Por suerte, con respeto.

Era obvio que me iba a pasar. Ya ni bronca me da haberme traído algo al pedo gracias a T...

26/4/09

Comer como Dios manda

Mucho me han hablado de la comida peruana. Y después de 48 horas en Lima, puedo confirmar muchas cosas. Para empezar, hay variedad: comida oriental, internacional y autóctona.

Brillan los puestos callejeros, los restaurantes de ceviche, ingredientes como el camote, la chirimoya, el arroz chaufa, la chifa, hay variedad de pescados con variedad de salsas y maneras de cocción. Y hay mucho aderezo, mucho condimento, mucho picante.

Estarán sorprendidos, amigos.

Jota comiendo esas cosas? Se le abrió la cabeza alimenticia?

Claro que no. El primer almuerzo lo salteé por estar trabajando, a la noche cené una mega empanada de jamón y queso comprada en Vivanda, el súper 24 horas con rotisería que está pegadito al hotel; ayer al mediodía almorcé unos exquisitos spaguetti con tomate y basílico y a la noche, otra vez gracias a Vivanda, me clavé un pollito al horno con papas mirando la tele. Hoy, para meter algo de comida internacional, degusté un Cuarto de libra con queso de Mc Donalds (las papas, horribles, las dejé a un lado). Lo pedí, desde ya, grill. Sin condimentos, sin salsas, sin los pepinitos. "Pan, carne, queso, pan?", me consultó la vendedora. "Eso mismo", confirmé.

Había pasado de largo el desayuno: necesitaba dormir ocho horas...

Soy el mismo de siempre, ni lo duden. Ni la lejanía me va a convencer de comer cosas raras. 

Eso sí: la Inca Kola pasa como piña por mi organismo. Dicen que Perú es el único lugar del mundo en el que una bebida local como ésta -de sabor difícil de explicar- le gana en ventas a la Coca Cola. Aunque la etiqueta demuestra que los genios de la oscura bebida no se pierden una: Inca Kola es un producto de The Coca Cola Company...


25/4/09

Lima-do

Lindo horario para viajar: 6.35 de la mañana.

Para viajar a esa hora, hay que estar, supongamos, dos horas antes en Ezeiza. Pero Jota es previsor y llegó al aeropuerto a las 4. Como nunca se acuesta antes de las 2 ó 2.30, dijo: "Para qué vamos a dormir? Nos quedamos mirando la tele!"

A las 3.30 partí rumbo al aeropuerta sin un segundo de descanso encima, habiendo trabajado ese día hasta las 21.30.

A las 5.45, cuando abrieron las puertas del avión, ya había recorrido diez veces el free shop, caminado por toda la terminal, sentado unas cuantas veces a intentar dormir en los incómodos y modernos sillones e intercambiado unos mensajes de texto con cierta persona que se acuesta siempre tarde.

Inteligente como pocos, pedí el asiento de la salida de emergencia, siempre espacioso, con lugar para estirar las patas. Pero el 22C de Taca, si bien está en la salida de emergencia del ala central, es incluso más cortito que los otros. No me pregunten por qué. La fila 23 es la posta, sépanlo.

Aun así, dormí las poco más de cuatro horas del viaje, incómodo, tremendamente incómodo. Me desperté contracturado y cagado de frío. Salí del avión a las 9.15 local (en Lima hay dos horas menos que en Buenos Aires), pero la valija apareció a las 10.05. Llegué a mi hotel a las 10.45, hablé con Daniel, mi jefe temporario, y decidimos que lo mejor era que descansara (yo, aunque a él también le vendría bien) un rato antes de ir a trabajar.

Dormí una hora, me desperté peor de lo que estaba antes de acostarme. Fui a trabajar. A las 19 estaba al borde del colapso.

Acostumbrado a trabajar entre cinco y siete horas por día, durante este mes voy a tener que trabajar alrededor de 12.

Ahora estoy en el hotel, mirando El Hombre Araña 3 (una de las peores películas que vi en mi vida), después de haber leído las noticias del día (en Perú optaron por el sistema de tv satelital japonés, el mismo que tiene Brasil y el que, dicen, pondrían en Argentina si las coimas no apuntan hacia otro lado), de comer unos sanguchitos de queso en la cama y tomar un pisco saur invitación en el lobby del hotel.

No me quejo del todo, igual. No es mala vida. Ya lo dije: parece que hay un nuevo Jota.

No descarto arrancar con el Manual de Ganadores...

24/4/09

Me va a costar un Perú

Después de mucho descanso obligado, obligado por la caída del sistema de mi propio blog, he decidido volver con todo. Pero, claro, en este caso volver con todo significa, justamente, volver con todo.
En las últimas semanas pasaron cosas extrañas. Algunas demasiado positivas para un Jota Hesse.

1) El jueves de la semana pasada cambié mi subnik del messenger. Sin motivo. Pasé del "Yo me muero como viví", histórica frase perteneciente a un tema de Silvio Rodríguez, al "soltar todo y largarse, qué maravilla...", otro fragmento de otro tema del mismo cantautor cubano. El viernes recibí una oferta para ir a trabajar a Perú: en un par de horas emprendo viaje.

2) El sábado estaba con Eze, compañero de trabajo, contándole de cómo me dolía que uno de mis trabajos de antaño se acabara de un día para el otro debido a la crisis económica mundial (?). Dos días después, con Eze en casa, recibí un mail: la empresa que había cerrado reabrió. Volví a tener ese trabajo.

3) Lógico, no se puede ser afortunado en todo. Mejorando en el trabajo, el amor sigue extraviado. Debo confesarlo: hay maripositas dando vueltas por el pechio. Pero... no me dan bola, digamos. No le vamos a poner nombre a Ella, aunque Ella igualmente no lee este blog. Pero no. No tengo suerte, che. Ella desde ya se queda en Buenos Aires. Yo me voy. Y hasta hoy, sólo recibí un no.

Pues bien. Todo no se puede. A horas de irme a Lima, les cuento, les aviso: se viene una nueva etapa, se vienen anécdotas viajeras. No tengo dudas: no me puede ir siempre mal. Esperemos que todo cambie (sobre todo que las maripositas también lleguen a revolotear del otro lado y, en un mes, cuando vuelva, me sean correspondidas). Y si no, ya saben: historias de derrotas, caídas, papelones y otros derrumbes... pero a la distancia.

Hasta pronto!


PD: si no se cae el avión, nos leemos en un par de días.

Yo no me quiero casar... (II)

Después de un par de días de meditarlo con la almohada, decidí qué hacer con la señorita protagonista de un par de post atrás. En realidad, ...