Mis visitas al homeópata ya son graciosas.
Ayer fui y, como siempre, tuve que esperar largo rato para entrar. Cuando me llamaron, además de mi homeópata había otros cuatro: dos mujeres, dos hombres. Ya conocía a las dos chicas y a uno de los muchachos, producto del
ateneo del que participé y de que casi siempre mi doc tiene a algún practicante tomando nota y opinando.
En la sala de espera -en el pasillo, en realidad- hacía un frío de cagarse. Cuando entré, estaba helado.
-Hola, soy Jota, qué tal... Aunque podría trabajar en la película de Los Pintín -bromeé.
Se ve que no conocían a
Los Pintín, porque no se rieron. Pero yo estaba helado.
Juan, el homeópata, me preguntó cómo estaba, cómo habían resultado los últimos globulitos.
-Como siempre -respondí-. A veces mejor, a veces peor, va y viene, como la vida. Ya es más o menos lo mismo de siempre, estoy absolutamente resignado y, a la vez, dispuesto a seguir probando todos los remedios que me des.
-Bueno... La idea no es que pruebes todos, sino que encontremos el que te haga bien.
-Sí, claro. Pero a este ritmo...
Me hizo las preguntas de rutina, cómo estaba mi ánimo (maso), cómo dormía (mal), la ansiedad (y...), el trabajo (ajjj), la vida (eeee), la pareja (cri cri), etcétera. Y fui totalmente sincero:
-Estuve en Perú, por trabajo. A los dos días de llegar a Lima, se me había ido la urticaria. Cuando dejé de contar los días que llevaba para contar los que me faltaban para volver, me volvió con todo.
-...
-...
-Estabas bien ahí?
-Sí, no entiendo qué hago acá. Me quiero matar. Bueno... No matar literalmente.
-Se entiende.
-Sí?
Seguimos hablando, y la verdad que creo que todos se divirtieron mucho conmigo. Deben ser un embole los otros pacientes.
Enseguida repasamos todos los remedios que había tomado hasta el momento: Sulphur 6, Nux Vómica 6, Mercuris Solubilis 6, Pulsatilla 6 y creo que me olvido de otro.
Como de costumbre, me mandaron al pasillo para analizar mi caso y darme una nueva respuesta. Caminé por el pasillo como un padre primerizo, pero por el frío: sentado me congelaba. A los pocos minutos, me hicieron entrar.
-Mirá, Jota -dijo Juan-. Estuve repasando todo tu historial y cuando te dimos el Sulphur 6, que fue el primero que te dimos, y enseguida lo mezclaste con Ataraxone, un antihistamínico. Pero después mostraste una mejora que se prolongó en el tiempo, te acordás?
-Y... no. Eso fue en el 2007, no?
-Sí... Pregunto si te acordás que habías tomado eso.
-Ah, sí, sí... Lo tomé mil veces.
-Bueno, creo que tal vez me apuré en cambiarte el remedio y debimos haber probado más tiempo. Faltó paciencia.
-...
-...
-Todo bien. Yo tomo lo que me des, no entiendo nada. Si querés, me tomo un frasco de globulitos por día, con tal de que no me pique más...
-No es para tanto...
Y bueno. Resumiendo. Acá estoy de nuevo: Sulphur 12 (a neurosis mayor, la dosis también es mayor).
Pero para dejar de resumir, vamos a extendernos: siempre busco en Internet el significado de los remedios que tomo. Y con qué me encontré?
Desopilante:
Sulphur es un remedio homeopático para los que sufren "problemas de piel o ira". Vamos bien. Después encontré que "también se usa para el estrés mental, falta de energía, pérdida de memoria e irritabilidad". Podríamos decir, también, que seguimos bien. Peeeero... Empecé a preocuparme cuando leí que el "sujeto Sulphur" (hay un sujeto Sulphur?) puede tener "un aspecto jovial, o son delgados, desairados y con aire de ser perezosos. Tienen un cabello áspero sin brillo (NdeJ: qué cabello?), una piel seca y escamosa y casi siempre necesitan un buen baño". Me mataron. Le erraron feo con algunos gustos: "No le gustan la leche, los huevos ni las bebidas frías". Acertaron en que desea "comidas grasosas, dulces". Me enteré que mi peor hora es las 11AM y que debo dormir del lado derecho. Que me rodea el desorden. Y que mi pereza me impide acabar lo que empiezo.
A propósito de esto último, lo peor de todo es que