9/8/08

El tiempo pasa

"Cuando sea grande voy a tener plata", dije.
"Ya sos grande. Y no tenés plata", me respondió V.

(?)

-Bueno, cuando sea más grande!

(mierda que a uno no lo dejan ni soñar; primero la pendeja de mierda, ahora ésssta...)

8/8/08

Horóscopo para el fin de semana

Aries: gases que pueden hacerte mal y provocar disgustos con desconocidos. Mejor, agua sin gas.
Tauro: pésimo negocio. Pero pésimo, eh. Y no es buena semana para jugar al Loto ni al Quini (quizá la Poceada, ojo, 50 y 50).
Géminis: a tu celular le queda poco. Si no al tuyo, será al de un ser querido.
Cáncer: fallan electrodomésticos. Probable cortocircuito.
Leo: primero un beso, después una tocata, al toque un revolcón. La prostitución está a la vuelta de la esquina. No sos atrevida, sino fácil. Para los hombres: precoz; sí, precoz.
Virgo: uh, qué difícil va a ser conciliar el sueño... Leche caliente y una cucharadita de miel. O Melatol.
Libra: Cuidado con las comidas picantes. Gran arranque en el torneo Apertura de fútbol de la Argentina.
Escorpio: estrés, pánico, urticaria, probables convulsiones.
Sagitario: un robo a mano armada. Descontrol en el boliche, altas posibilidades de caer en cana.
Capricornio: halitosis. Vas a quedar muy mal en una cita.
Acuario: poca vida sexual. Te dejan por otra/o.
Piscis: dolores de espalda, contracturas. Cambiá de trabajo o de masajista.



Fuente: HoJota*

*Grupo de especialistas en futurología bautizado como Horóscopos Jota, integrado por dos astrólogos, un taxista, un antropólogo, el panchero de Cerrito y Lavalle, la ama de llaves de Mirtha, el ginecólogo de Pampita y dos eunucos con poderes sobrenaturales.
*El porcentaje de posibilidades de error, esta semana, es de 51,7%.

7/8/08

No, señor

Crucé Av. Córdoba, a la altura de Mario Bravo, apurado por llegar a tiempo a mi clase de Yoga. Una chica, bonita, un tanto asustada, joven, de entre 17 y 20 años, se interpuso en mi camino.
"Señor, disculpe, sabe dónde está la parada del 106?", consultó.

Dudé unos segundos, ofuscado, molesto, perdido por sus palabras, y le indiqué que estaba "media cuadra más allá". Se fue apurada, sin percatarse de mi gesto adusto, de mi ira.

Pendeja de mierda, cómo me va a decir señor? Señor? Bien que podrías ser mi novia!

Pendeja...

6/8/08

Bolsilludo

Caí en el casamiento de Lea y Sol con impecable traje gris oscuro, camisa blanca y corbata a tono (vestimenta que ya había usado en otra festiva ocasión). En la mesa estaba con comenales amigos, íntimos, por así decirlo. En un momento, Cora me pidió un pequeño favor.
-Jota, me guardás el celular en el bolsillo del traje, que dejé la cartera en otro lado?
-Uh, lo tengo lleno...
-Todos?
-No, es que tengo sólo el bolsillo interno, los otros son sólo de pinta.
-Eh?

Cora empezó a reírse, consciente de que Jota es Jota y podía cometer una de esas estupideces. Tanteó mis bolsillos, me miró y empezó a reirse.
-Pero boludo, los trajes nuevos siempre vienen con los bolsillos cosidos, vos tenés que descoserlos!
-En serio?

Lo único que puedo agregar es que ahora tengo un montón de bolsillos!!!! (aunque pocos casamientos)

5/8/08

Topito

El Topo es un compañero del trabajo. El Topo anda por los treinta y pico, pero mantiene el aspecto, el estilo, las pilas y -sobre todo- las pendejadas de cuando lo conocí, hace 11 años.

El Topo es un gran personaje. Siempre le digo que lo banco, aunque a veces lo que quiero es cagarlo a trompadas.

El Topo es, por unas cuantas cosas, un inimputable. Todos los años hace los mismos chistes, las mismas bromas a los nuevos compañeros de trabajo. Coquetea cuando sabe que hizo algo mal. Es así. Y además, a veces es perdedor.

Una vez, por X motivo, el Topo no había podido escribir el texto que salió, con su firma, en el diario. La información era suya, pero la nota la había redactado otro. Quizás andaba con otras cosas, quizá tenía que irse, quizá no tenía ganas, simplemente. No me acuerdo.

Al día siguiente, el Topo (o "Topito", como se presenta) llegó al diario un poco contrariado.

--Hoy me llamó mi papá.
--Y?
--Para felicitarme.
--Está muy bien.
--No, me llamó para felicitarme, para decirme que le encantó la nota.
--Buenísimo.
--No. Es la primera vez que me llama por eso, y el texto lo escribió Franco. Estaba emocionado por un texto que escribió otro... No sabía qué decirle. Le agradecí... por algo que no hice.



Topito...

4/8/08

Son perdedoras (II)

  • Las que se compran un jean un talle más chico y después andan mostrando los flotadores
  • Las que critican la ropa de sus amigas
  • Las que dicen “lástima que no tiene auto” (como buen perdedor, no tengo auto)
  • Las que se ponen un pantalon ajustado y se cuelgan un sweater en la cintura (si querés mostrar el culo, mostralo; si no, ponete otra cosa!)
  • Las que creen que Tevez, Messi, Mascherano, Simeone o alguno de los Barros Schelotto son “ree lindos” y “los amoooooooo”
  • Las que se hacen las tetas (perdón LN…)

3/8/08

No pay!!

Aquéllos -como yo- que se quejan de la atención que se brinda en algunos bares y restaurantes de Buenos Aires debería viajar más (ganas no me faltan y, calculo, a ustedes tampoco). Hasta en el primer mundo te pueden servir como el culo y, encima, lagrimear para dar pena, e incluso amenazar con llamar a la policía cuando tenés razón. O eso creo.

Eso me pasó, entre muchas otras cosas, en mi viaje a Toronto en el 2007.

Los participantes de esta aventura: un argentino -chanta-, que vive ahí desde hacía doce años, un periodista del diario Clarín, otro de La Nación, otro de Olé, dos fotógrafos (uno de Clarín, otro de Télam) y yo, el único que estaba de vacaciones. Hambrientos después de (para ellos) una ardua jornada laboral, decidimos ir a comer antes de ir a bailar a Yorkville, un coqueto boliche de una zona súper paqueta. Frente al boliche había un bar: One Eleven. Nos sentamos en la terraza del lugar. Había dos hombres con una mujer (oriental) en una mesa, y una pareja en otra.
La idea era comer algo rápido y entrar al lugar. Ya era casi medianoche y a las 2.30 todo el mundo se iba a dormir. Pedimos: hamburguesa con queso para uno, spaghetti para el resto. De tomar, Smirnoff Ice para todo el mundo.

Diez minutos después nos sirvieron las bebidas.

Veinte minutos después reclamamos la comida. Amablemente, aunque un tanto nerviosa, la mesera, rubia, de ojos claros, de rostro aniñado y toda la pinta de descendiente de rusos, ucranianos o suecos (como si fueran lo mismo…), nos explicó que la cocina estaba cerrando y tuvieron que abrirla para tomar nuestro pedido. Que ya estaba en marcha.

En el interín, otra pareja se sentó al lado nuestro. Pidió, también, fideos. Algo más simple?

Media hora después, los fideos y la hamburguesa brillaban por su ausencia. Esperamos diez minutos más. Reclamamos. Al rato, aparecieron los fideos, fríos. Comimos igual. “And my burguer?”, reclamó el hambriento cronista, en ‘impecable’ inglés. Ya, ya…

No vino. Un rato más tarde, con todos nosotros fumándonos un pucho de sobremesa, el colega decidió cancelar su pedido. Que ya estaba llegando… “No pay, no pay!!”, gritó otro, advirtiendo que no pensábamos pagar la hamburguesa que estaban trayendo. La rubia explicaba que ahí estaba la hamburguesa, que la teníamos que comer… y pagar. “No pay, no pay, this is inadmísivel!!”, se escuchó. Había risas, quejas, broncas. De todo. La rusa, al borde del llanto, entró al salón.

Volvió con otra señora, cuarentona, la encargada del lugar. Que tienen que pagar, que lo pedido y entregado, ahí está. Dos metros más atrás, la rusa miraba, temblorosa. “No pay, no pay!!”, seguía, encendido, uno. Levantaba su mano, gritaba y miraba al cielo, como si fuera un rezo.
La encargada giró la cabeza y le ordenó a la rusa: “Call nine-one-one”.

What? Al 911? Como en las películas? Noooooooo!!!!

Jota temió por su vida (y su visa). Se levantó de la silla. Intentó explicar. “Nou, nou… gui pei all, bat nou de burguer… de burguer no pay, only de burguer, ok?”, tiró. La encargada procesaba mis palabras, pero seguía con su idea, mientras todos (menos el que gritaba “no pay, no pay”) intentábamos detener el llamado al 911.
La pareja de la mesa de al lado asentía cuando reclamábamos.

Del otro lado, la japonesa gritaba y aplaudía: “Ar-yen-tinian, Ar-yen-tinian!!”. Y abrazaba al de “no pay!”, que ahora se había parado y soltaba, encendido, “inadmisível!!”.

Bizarro. Súper bizarro. Divertido, también.

La encargada terminó aceptando que no pagáramos la hamburguesa.

Nos fuimos, entramos al boliche y varios huímos hacia el baño. Esos fideos, además de fríos, no estaban demasiado bien…

Yo no me quiero casar... (II)

Después de un par de días de meditarlo con la almohada, decidí qué hacer con la señorita protagonista de un par de post atrás. En realidad, ...