11/6/08

Lechuguita

En el 96, el Negro, Pol (que es Pablo, pero como hay otro lo llamamos Pol) y yo decidimos emprender un viaje mochilero a Uruguay. De punta a punta, pasando por Punta, o algo así.
Buquebús a Colonia. Micro a Montevideo. De ahí, a recorrer. Pasamos por Piriápolis, Punta del Este, La Paloma, La Pedrera, etc… Hasta que el Negro se volvió, y Pol y yo seguimos rumbo a Santa Teresa, bien al norte, un Parque Nacional divino, camino al Chuy.
Llegamos un mediodía, armamos la carpa en el camping silvestre y bajamos al barsucho para comer algo.
“Qué pedimos?”, consulta Pol, mientras ojea el pobre menú.
“Chivito, qué vamos a pedir en Uruguay?”, respondo.
Dos chivitos: tomate, huevo, jamón y lechuga para cada uno. Yo tomé gaseosa; él creo que cerveza.
A diferencia de lo que hago siempre que un sandwich trae lechuga, esa vez no se la saqué. No me gusta, pero entre tantas cosas no molestaba. De ahí fuimos a la playa. Jugamos al vóley. Al fútbol. La pasamos bárbaro. Terminó el dia. A cocinar.
Armamos un fuego pobrísimo, que no se levantaba con nada. Raro: no habíamos tenido problemas hasta ahí. “La madera acá no está buena”, nos advirtió un vecino con casa rodante y anafe a gas. Un genio. La madera estaba húmeda.
No le dimos bola. Pusimos la parrillita arriba del fueguito brasero, cacerola con agua y a calentarse. Después de media hora, con el agua todavía tibia, le tiramos la polenta. “Algo va a salir de esto”.
Salió algo horrible, casi crudo, casi engrudo, que comimos igual.

La mañana siguiente me desperté mal. Después de tomar unos mates, fuimos a la playa. De ahí, corrí al baño. Volví a la playa y vi que Pol se aprestaba a armar un partido de fútbol. “Yo paso, no me siento bien”, le dije. “Dale, no seas maricón, que mañana nos vamos”, me increpó. “Te juro que no puedo. Me cago encima”, le expliqué sin más vueltas. Y volví al baño.

Estuve entre la carpa y el baño durante toda la tarde; entre la guitarra y la letrina apestosa (cosas que solamente se pueden hacer cuando uno está alrededor de los 20 años; hoy si no tengo cama y ducha no voy a ningún lado). Pol volvió antes de que bajara el sol. Estaba blanco, pálido. Vomitó al lado de la carpa, sobre la base de un árbol.
“Es esa lechuguita de mierda”, le dije a Pol. “Debe estar mal lavada, mirá si nos agarramos cólera”, me fastidié. Pol rió. “En serio, nunca como lechuga”, seguí. "Esta vez comí y mirá cómo estoy", me enceguecí. “Era una hoja de mierda, no te puede hacer nada”, me dijo, descostillándose. Y fue a vomitar otra vez.
“Vos cómo te sentís”, me preguntó. “Para el orto”.
Literalmente.
En la siguiente hora, Pol vomitó tres o cuatro veces más. No sabía qué hacer con él. Le pregunté al vecino de enfrente, otro con casa rodante, si sabía de algún consultorio médico, de algo.
“No tengo idea, está muy mal?”, inquirió.
“Sí, y yo estoy mal también, no paro de ir al baño”.
“Tomaron agua de la canilla?”.
“Sí, bah, yo ahora me compré una 7up”.
“No vieron el cartel?”
“Qué cartel?”

En la entrada del camping, había un cartel bastante grande que indicaba que el agua no era potable. No la tome, señor, joven argentino. No. No la tome, pedazo de idiota. No.
No lo vimos.
La tomamos. Cocinamos con ella.

Nos cagó la vida.
Debo haber bajado cuatro kilos ese día. Pol también. A la mañana siguiente nos íbamos. Pol se despertó varias veces a la noche para vomitar. Daba pena. Yo estaba mejor. A la mañana desarmé la carpa, cargué mi mochila, la de Pol y nos fuimos a la parada del colectivo, a unos dos kilómetros. Pol no daba más. Se caía bajo el sol. Seguía dando pena.

A doscientos metros de la parada, vimos cómo se nos iba el bus. Estuvimos ahí, muertos de calor, riéndonos de nuestra propia desgracia, durante dos horas más, hasta que llegó el siguiente. Pol no paraba de repetir: “La lechuguita!! Jajajaj”

10/6/08

Preguntas (V)


  • Por qué cuando quiero salir (salir: dícese de ir a tomar algo, juntarse en una casa a comer o charlar, o cenar afuera) mis amigos/as tienen cumpleaños, casamientos, mujeres/hombres o cualquier excusa para que, finalmente, me quede haciendo zapping o leyendo?
  • Por qué cuando espero un colectivo, pasa el otro que tiene la parada en el mismo lugar, y si espero el otro pasa el primero? Eh??
  • Por qué las tostadas se me caen siempre del lado de la mermelada/queso blanco? (gracias, Marulinguis)
  • Por qué siempre que me pongo en la fila de una caja en el supermercado, la de al lado va más rápido? Y por qué si me cambio a la que va más rápido, se enlentece? (Vic)


  • Bonus track: por qué las encuestas de este blog dan 99%, o menos? El 1% es de comisión para blogger.com?

7/6/08

Huevo(n), episodio II

Hace no mucho, me quemé dos veces con la (o el) sartén tratando de armar mi hamburguesa con queso y huevo. Ayer me fue peor.
Qué como?
Qué tengo? A ver... Junto arroz, unos pedacitos de queso, jamón en julianas, tomate, espinaca.. Y hago una especie de ensalada tibia. Huevo? Dale, huevo duro.
Hago el arroz, corto el queso, el jamón, el tomate, las espinacas.
Pongo una cacerolita para hervir el huevo.
Termino todo. Falta sacar el huevo, enfriarlo, retirarle la cáscara, cortarlo.
Tomo un repasador para sacar la cacerolita del fuego. Lo extiendo para que me alcance para las dos agarraderas, levanto rápido la cacerolita para llevarla hacia la pileta, pero parte del repasador queda enganchado con la reja de la cocina (donde se apoyan la cacerolas y demases), se me suelta una agarradera y me cae toda, TODA el agua hirviendo sobre la mano derecha.
"Aaayyy!! Me recago en la putísima madre!!", insulto al aire mientras trato de apoyar, con la mano que me quedaba sana, la cacerola nuevamente sobre mármol firme.
Me miro la mano, sale humito. Abro la canilla de agua fría. Pongo la mano bajo agua durante diez minutos. Llamo a V.

"Qué hago?".
"Ponete dentífrico", me sugiere.
Sigo con el agua. No confío mucho en los remedios caseros, salvo que me lo diga mi mamá.
Comí con una botella de agua bien fría al lado, tocándola con la mano herida cada dos minutos para calmar el ardor. Fui a trabajar y el médico de ahí me dio una de esas bolsas con gel que se congela, que yo no sabía que existía, así que estuve con la mano ahí todo el día.

Hoy ya no me duele. Tengo un par de marquitas rojas. Me salvé de las ampollas.
Ya tengo los huevos llenos de que me pasen estas cosas.

6/6/08

Son perdedores (estilo playa)

  • Los que van en jean y camisa a la playa; sobre todo si debajo tienen la malla
  • Los que meten panza
  • Los que usan sunga
  • Los que van a los paradores de Personal, Nextel, Movistar, Cti (o Claro), Wrangler (perdón, es de mi adolescencia), radio Uno, Mega, FM Hit, La 100, Aspen, Nacional o cualquiera que sostenga tener “onda”: a la playa se va a nadar, tomar sol, mirar personas del sexo opuesto -o propio, según el gusto- y reirse de los demás, no a buscar onda.
  • Los que piensan que es grasa comerse un choclo frente al mar (se vende todavía? extraño los barquillos)
  • Los que llevan el perro a la playa para demostrar lo bien que nada o lo bien que va a buscar palitos al agua
  • Los que usan lentes de sol cuando ya cayó el sol
  • Los que, en aquellas playas en las que se ve la puesta del sol, aplauden la puesta del sol (cuál es el logro del sol en ponerse? el día que no se vaya aplaudamos de pie!!!)
  • Los que se ponen a guitarrear enfrente de minitas
  • Las minitas que les dan bola a los que se ponen a guitarrear enfrente
He dicho

4/6/08

El nombre del padre

Son muchas, muchísimas, las veces que me sentí un idiota. Pero creo que una supera a las demás por unos cuantos cuerpos (Nota del Inconsciente: tranquilo, J, tenés tiempo para volver a autosuperarte).
Mi amiga Inés pasaba por un momento triste: sus papás, a quienes yo conocía desde muuuy chiquito, se habían separado. Ya no éramos gurrumines: estábamos con los 20 bien encaminados, hasta -eso creía- habíamos pasado la edad del pavo.
Con Inés habíamos hablado varias veces de sus sensaciones, de cómo lo estaban llevando ellos, sus papás; le conté mi experiencia personal. Charlas de amigos, lógicas, simples, útiles.
Una tarde llamé a lo de Inés para invitarla al cine. Como hacía habitualmente, repasé las personas que me podían atender: mamá Paula, hermana Marina o la propia Inés. Nunca me gusta tener que pensar el nombre una vez que me atienden. Siento que queda feo.
Disqué.
Sonó una vez.
Sonó otra vez.
Sonó una tercera.

"Hola?".
El papá levantó el tubo. Atendió él. Qué hacía ahí? Rápidamente, intenté recordar cuál era el nombre.
"Ehh... Hola, cómo andás, habla -J-, el amigo de Inés", salí del paso, mientras pensaba cuál cuál cuál es su nombre.
"Hola, -J-, cómo estás", devolvió, parco.
Necesitaba más tiempo. Todavía no me había caído la ficha con el nombre del papá de Inés.
"Bien, bien... Qué andás haciendo por allá?".
(?)
(What????????)

"Ando".

Pum. Cross al centro de la mandíbula. Bien puesto. Merecido.
Mientras recordaba que se llamaba Mario, me pregunté por qué no había nacido avestruz. Quería, necesitaba esconder la cabeza en la tiera.
Qué mierda me importa qué está haciendo allá?
Si fue a buscar el cepillo de dientes?
Si necesitaba arreglar cuestiones de plata?
Si fue a reconciliarse con la esposa?
Si fue a tener una tarde de afecto, de revolcón?
Boludo!! Boludo!!
A quién se le ocurre preguntarle al padre de una amiga qué hace en su propia casa?? Y si estaba en calzones por hacer el amor con la mujer??
Infeliz!!!!!!! Bobo!!!!
Me sentí eso: un boludo, un infeliz, un tarado, un idiota.

A propósito: Inés no estaba. Y yo nunca más pude mirar a los ojos a su papá, del cual ni quiero acordarme el nombre...

Preguntas (IV)


  • Por qué cuando veo que puedo llegar tarde, me apuro y termino llegando demasiado temprano? (siempre soy el primero, el que se aburre en las esquinas o en las fiestas)

  • Por qué cuando uno tiene las monedas justas para el colectivo, una no engancha y se tiene que bajar a comprar chicles?

  • Por qué el Loto, Quini 6 o la Poceada siempre se las gana otro?

  • Por qué tus amigas te dicen "aaayyy tengo a alguien para presentarte!!" cuando ya tenés a alguien y no querés que te presenten?

3/6/08

Empantanado

Una semanita en San Martín de Los Andes te hace pensar en muchas cosas, repasar momentos, analizar situaciones, sacar conclusiones. La más importante, después de cinco días seguidos de lluvia, fue que necesitaba una nueva campera.
Impermeable.
Con capucha.
No muy llamativa, para poder usarla en la ciudad sin sentirme Krosty el payaso.
Siempre bajo la insoportable llovizna de otoño, entré en un local de Montagne sobre la calle San Martín, la principal de... San Martín.
De pronto, flash: la vi colgada, preciosa, divina. Color chocolate. "Es la Net con polar", me avisa la perdedora. Interesante. Era talle M: me la probé.
Enorme. Pero enorme, eh.
"Segura que es M", le consulto. Me explica que los talles son holgados, que me pruebe una S (años que no uso small, pero bue...). "Probate primero ésta para ver el talle", me dice y me da una gris plata.
Me quedaba genial, preciosa, ideal. La vendedora se fue a fijar si tenía una S de color chocolate.
Volvió con varias camperas en la mano. "No me quedan! Tengo ésta, ésta y ésta".
Gris oscuro, negra y celeste clarito.
No me gustan.
Llamó al otro local. No tenían. "Bueno, la compro en Buenos Aires", dije, lógico. Si ahí está la fábrica...
La semana pasada fui a la fábrica. Entré. Busqué las camperas colgando. Y la vi, ahí, colgada, esperándome... Estaba con V. Fui a agarrarla, estaba a unos centímetros y...
Una reverenda hija de mil putas, una vendedora, se interpuso entre mi campera y yo. "A ver, permiso", dijo, gritando. Descolgó MI campera. Se la dio a OTRO comprador. Me quedé mirándola, incrédulo. Miré cómo el tipo se la probaba. No le gustaba. Pedía otro color. No le convencía ninguno. "Bueno, me llevo ésta", dijo, no del todo seguro.
Enfurecí. V me controló. Quería cagar a trompadas a la vendedora.
Viene un vendedor.
"Los ayudo?"
Le pido MI campera.
"Ay, me parece que no me queda más".
(?)
Se fue a fijar. No le quedaba más. "Pero tengo ésta que es muy parecida, color musgo".
Me vieron cara de pantano?
Le dije que no me interesaba.
"Por ahí en algún local todavía tienen", tiró al pasar.
Ya me recorrí seis locales y outlet. No la tienen. No creen que la vayan a tener. En uno de Belgrano me dijeron que la podían conseguir. Me llamaron a la media hora. "La conseguí, la pasás a buscar", me dijo amablemente Bárbara, la vendedora. Amé a Bárbara durante un par de horas. Como yo trabajaba, fue V a buscarla. A media tarde me llamó. "Jota, no es la color chocolate, es la musgo, esa que se llama color Elephant. Me dicen que la chocolate no se fabrica más, que ahora venden ésta".
"No me gusta".
No la compré.
No la encontré.
La última, la que era mía, la que estaba por agarrar, me la sacaron de las manos.

(y que no llueva, porque me mojo)

Yo no me quiero casar... (II)

Después de un par de días de meditarlo con la almohada, decidí qué hacer con la señorita protagonista de un par de post atrás. En realidad, ...